22 may. 2009

Cármenes (Amando)


Carme I

Año 2002-2004. Acrílicos sobre tela. 73 x 73 cm.
(catalogado)

colección F.J. y A.B. Murcia


Cármenes

El amor se delata por la abstracción pintada
en el semblante, para no hablar de otros ademanes...

El primero es la insistencia de la mirada,
porque es el ojo puerta abierta del alma,
que deja ver sus interioridades;
revela su intimidad, y delata sus secretos.

El collar de la paloma. Ibn Hazm (Córdoba, 974 - Montíjar, Huelva, 1064)




Abstracción pintada
El cuadro es un objeto obrado, un mundo en sí mismo, ensimismado,
universo. Nace de una necesidad abstracta que
algunos seres humanos sienten. Sentir la vida, sentir algunos
fragmentos del vivir de un modo invasor. Desde ese sentir
elaborar una escritura, siempre misteriosa, sobre la tela
aplicándole líquido coloreado, unas veces más fluido y otras
más densamente; una escritura del sentir con alfabeto siempre
inaugural. El cuadro es silencio, es pensamiento, es
detenimiento. Reflexión. El verdadero lugar del cuadro está
entre aquellos objetos que hemos decidido nos acompañen
en nuestra intimidad, es pues nuestro domicilio su mejor
refugio (colgado de la pared es donde menos dificulta nuestros
movimientos). Un cuadro es la cartografía de un territorio
firme y asombrado, rastro de un caminar incesante.
Sentir ternura por los propios gestos. Pintar, pintar como se
siembra, sobre una tela tensada sobre un bastidor, y esperar
a que esa escritura de la mano que por sí misma piensa,
nos muestre sus sonidos (el ojo oye; así lo creo).

Insistencia de la mirada
Todo cuadro es imagen, paisaje de una reflexión, huella de
un tránsito pretérito. Estrellas en el huerto de las noches
(techo), las hierbas en los del alba (suelo); paisajes que nos
entran, habitando un carmen como un universo íntimo; esa
casa con huerto configurando universo donde se entrelazan
proximidad y distancia, temblor y serenidad, exterior e interior.
“Paisajes de la carretera de la vida —escribió Henri
Michaux— más que de la superficie de la Tierra”. El cuadro
como vida detenida que acoge así la insistencia de la mirada.
La tela como piel registrando la emoción de los interrogantes
que nos dan intensidad de ser, inmensidad de toda
imagen. “El alma jamás piensa sin una imagen” dejó dicho
Aristóteles. Algunos cuadros reclaman para sí la insistencia
de nuestra mirada; cuando así ocurre son nuestros informes
recuerdos los que encuentran forma en lo que él acoge entre
sus dimensiones. El cuadro es un espacio delimitado que se
desborda ante la insistencia de la mirada en constelaciones
de recorridos infinitos. Cielo y tierra.

Es el ojo puerta abierta del alma
Pintar, dar imagen de la frontera como territorio de los infinitos
que acoge lo inaudible, pero sonoro silencio del pensar
(“dejad que el trigo crezca en las fronteras”). Paisajes de
la incertidumbre del tiempo que nos es donado, y que nos
abandonará. Fijar lo que es transcurrir: abstracción ininteligible.
Pintar. La Pintura como el silencio del carmen de techo
profusamente estrellado: infinito que nos habita en los adentros.
El cuadro nace de la tela en blanco, a ella llega lo que
no tiene palabra en tumultuoso silencio. Es el ojo puerta abierta
del alma. El cuadro nos abre, convirtiéndonos en sitio,
paisaje, lugar en el que germina el sentir. Pintar, dar imagen
del pensar, del detenerse. Mirar en el cuadro tan sólo lo que
contiene: cartografía de accesos múltiples a lo íntimo. “No
es en el espejo donde hay que contemplarse. Hombres, mírense
en el papel” nos señala con ternura el mismo Michaux.

Ver sus interioridades
Las sensaciones de colores abigarrados de los viñedos de la
infancia y los sobrios de las noches tachonadas de caprichosas
composiciones estelares, cuando la Luna nueva. No
aclarar la oscuridad de aquellas noches; traer, eso sí,
mediante el pintar, la intensidad de su interioridad nunca
desvelando el misterio de sus secretos. Salidas a los interiores.
Cual particular macondo, la imagen de Roucos siempre
campea por mis paisajes del alma. Pintar cármenes, paisajes
abstraídos de aquellos recorridos. Ver. Ver los interiores
del exterior que nos acoje en nuestro incesante caminar a
la intemperie. Pintar.

Amando

Texto en el catálogo de la exposición Cármenes; sala Diputación Pronvincial Ourense, 2005.

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