15 jun. 2009

Hábitat I



Hábitat I

Año 1995. Madera de pino. 280 x 650 x 600 cm.

(Exposición colectiva: MEDIEVO, Castillo de Soutomaior, abril mayo 1995, Soutomaior - Pontevedra)




Las sombras del castillo
(fragmentos del texto)

El castillo aparece como imagen recurrente en el arte occidental, desde las pinturas medievales, en las que simboliza tanto el hogar cuanto la ciudad amurallada, el núcleo de los incipientes burgos. Los pintores lo toman como motivo básico cuando tratan de resolver problemas de volúmenes y perspectivas, caso de las ciudades fortaleza de Giotto y su manera de recurrir a lo que hoy llamamos “espacio caja”.
Poco amigo de los efectos de la pintura gótica o renacentista, pero empeñado en investigar la memoria individual, Amando organiza una muestra [colectiva] en el Castillo de Soutomaior y la titula “Medievo”. Que lo acompañe de “pinturas e instalaciones” debe verse como apéndice explicativo, aparte de confesión devota de fe en los nuevos dictados de la actividad artística, junto a un sano optimismo al defender la vitalidad de la pintura. Nos interesa sin embargo la unión de medievo y castillo, la alusión a otro tiempo, a otra arquitectura. Porque, repasando la lista de los convocados, resulta inevitable destacar la importancia que todos confieren a su relación con un paisaje que terminan transformando en propio.
Distinta es la tensión de la que nacen las pinturas de Amando, definidas generalmente en su gusto en dejarse llevar por lo que pide su práctica; más próximas, sin embargo, son sus instalaciones, cuya dimensión y contundencia explica tanto el sentido energético de la escultura como el fondo pictórico que las anima. En Amando existe una reivindicación de una memoria rural.
Ni existe idea de grupo ni se plantean más afinidades que las emotivas entre los reunidos, que las hay y no se ocultan. “Medievo” ofrece nueve pensamientos a través de un lenguaje defensor como pocos de la espesura, de lo propio, del misterio. Nueve formas de acercarse al castillo: de añadirle sombras, de introducir matices, que no es mal modo de tomarlo. O cuando menos, de tentarlo.
Amando, eje y razón de este “Medievo”, vive momentos particularmente reflexivos. Para un pintor que reafirme su fe en la práctica, en el ejercicio diario de la pintura, enfrentarse a un espacio como el de Soutomaior supone, en su momento, exteriorizar en la práctica el trabajo, abriéndose a perspectivas nunca imaginadas. Las intervenciones realizadas en el jardín del castillo tienen una dimensión renovadora, pero son las huellas que deja el tiempo, las marcas en el césped una vez retiradas las esculturas, las que nos devuelven al pintor que se reafirma en cada paso. Un pintor, por cierto, al que conviene volver, especialmente en tiempos de reajuste y crisis para muchos compañeros de generación.
El mirar de Amando se decanta siempre por un vitalismo de raíz rural, donde el recuerdo de otras vivencias tiene tintes inaugurales.

Miguel Fernández-Cid


Fragmentos del texto de Miguel Fernández-Cid en el catálogo de la exposición MEDIEVO, abril y mayo de 1995, Castillo de Soutomaior, Soutomaior (Pontenvedra), comisariada por Amando González.

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