22 jul 2020
11 abr 2020
He venido a verme
He venido a verme (1987)
acrílicos s/tela 162 x 130 cm.
el título es el comienzo del primer verso del poema Alicia de Carlos Oroza
10 abr 2020
8 abr 2020
en estas semanas de estar en casa...
...está bien sacar a la intemperie de cuando en cuando lo que nos pertenece, pero manteniendo las riendas. En la parte alta de la city la propietaria saca a plena luz del mediodía el cuadro de mi autoría Autorretrato (enrejado) 2009 acrílicos s/tela, 73 x 73 cm. y que hace años me adquirió de manera tan generosa (no deja de sorprenderme el que alguién tenga la exquisita amabilidad de meter en su casa, en su mundo, una obsesión ajena, ¿qué otra cosa puede movernos a pintar, esculpir, danzar...?), y, además, su gata negra, o gato, no queda claro según lo que dicen sus dos mensajes. Y me envía esta foto con el siguiente mensaje «Este no está en venta. La gata sí.»; y segundos después se corrige «Miento. Gatito tampoco». Y arrepentirse tampoco impide mirar el horizonte. «¡Infinito es el trozo más pequeño del mundo!» Friedrich Nietzsche dixit.
no, no son pocas las cosas que (felizmente) se contagian; a veces ocurre.
...y nada ya será como antes; tampoco en la parte baja de la ciudad, junto al parque.
7 abr 2020
5 abr 2020
4 abr 2020
Amando por Loreto Blanco Salgueiro
(hacia 2007 en anexo MARCO Vigo)
Loreto Blanco Salgueiro:
— ¿En qué parte de tu cuerpo querrías poner luz?
Amando:
— En los pies.
Loreto Blanco Salgueiro (Moaña 1964), profesora Facultad Bellas Artes de Pontevedra
3 abr 2020
Diego Vites: Pai Negro (2012)
Diego Vites: Pai Negro (2012)
óleo esmalte e spray s/lenzo. 200 x 200 cm.
Amando en Roucos (1996) fotografía: Celina
óleo esmalte e spray s/lenzo. 200 x 200 cm.
Amando en Roucos (1996) fotografía: Celina
2 abr 2020
1 abr 2020
31 mar 2020
Amando, pintar bajo el cielo del agua (Alfonso Pexegueiro, 1993)
Tiempo. Duda. Sombras húmedas de la memoria. Sombras de niebla. Agua. Realidad. Y un sueño. Por las montañas y el verde descienden los miedos al valle en azules, rojos, amarillos, ocres… Regresa el paisaje a la memoria.
Amando forma parte de la pintura gallega más actual. Y quizás le haya venido bien mantenerse apartado del buscado ruido de la fama, o del éxito comercial. A veces la soledad, el silencio y la duda van cediendo a nuestra obra una fuerza, una serenidad y una perspectiva o visión que de otra forma no alcanzaríamos , ya que estaríamos atrapados entre el ruido confuso de las cosas y no captaríamos su silencio. Y en vez de acercar las cosas hasta nuestro mundo interior y descubrir sus juegos de lenguaje, seríamos nosotros los que permaneceríamos debajo de ellas (pisados), sucumbiendo humillados ante la representación vacía y obligada de lo superfluo: que es quien pone el precio.
Guiados por la prisa y por las exigencias del mercado más que por la reflexión y el contenido, padecemos un exceso de superficialidad diseñada por ese concepto de utilidad impuesto por el poder o por su chambelán la fama. Prevalece la razón de lo útil frente al valor de lo esencial. Nos creemos que el hombre se juega su futuro en la economía (bienes económicos) o en los absurdos campos de batalla, enarbolando cifras económicas o de muertos y enseñas como banderas, idiomas o patrias que no son más que disculpas (débiles disculpas de inteligencias suficientes) para seguir estrangulando al hombre, retrasar el desarrollo del pensamiento y seguir acumulando datos estadísticos sin más valor que el utilitarismo brutal y sucio del desprecio de los unos por los otros. Pocos se dan cuenta, sin embargo, que es en el lenguaje en donde el hombre se juega su futuro como ser humano. Y que es quizás, ahí donde está nuestra tarea: ¡redescubrir el lenguaje de las cosas!
Por fortuna para Amando, y quizás para su obra, él no figura en esa vorágine de idas y venidas de precios y superficies especulativas. En la Alameda de Vigo, en un tercer piso que da a los magnolias, sigue recordando lo perdido e inventando el futuro a través del trazo y del color: lo olvidado, lo universal del lenguaje y del hombre. Como un proceso biológico más que cultural-tecnológico (aunque enriquecido por ambos), Amando ha sido fiel al Arte y a su arte. Hoy su obra es una de las manifestaciones más sinceras y sensibles de nuestro arte actual.
Desde las Barandillas o Pasamanos, como dibujos insinuados sobre la tela o las mimosas, hasta Caminos al océano, Amando se ha marcado una continuidad pictórica tan sugerente como dura. Repatriado al silencio en su propia ciudad, ha ido construyendo una pintura sólida basada en la recuperación de la memoria más oculta, identificándonos con el paisaje más olvidado y recordándonos tiempos de soñar.
A través de la insinuación, o del gesto reflexivo (o esa recomposición imprevisible que el olvido impone a la sedimentación de los saberes, de las culturas, de las creencias que uno ha atravesado, de la que habla Roland Barthes), Amando sostiene en sus últimos cuadros una lucha bajo el agua por sobrevivir. Sus tazas, sus troncos, sus reflejos, su vida se sumerge y crea la ciudad del mar en donde todo tiene vida de silencio, y allí permanece a la espera como la aleja (o cercana) Ciudad de Is. Allí está su Roucos, su mito y su poesía. Con dificultades para surgir entre el mundo de lo visible ((o lo exterior), Amando surca bajo el agua tierras nuevas y nuevos tiempos. De lenguaje, allí crea y recrea con cierta serenidad cezanniana un mundo de montañas, iglesias, roturas, cafés y sueños sumergidos. Como un campesino bajo el mar. Bajo el cielo del mar.
Sus montañas y sus océanos dejan atrás la tragedia del color envuelta en vacas, celos, cuchillos, frutas, hombres, mujeres y troncos talados, para volver a la serenidad de las Mimosas, como una pareja de cisnes irlandeses que regresasen a su origen celta. Como ese mito de amor (sueño perdido de la memoria) que recorre no solo los caminos de Irlanda, Galicia o Bretaña, sino todos los caminos del mundo. No estamos en el mundo, escribió Rimbaud, la verdadera vida está ausente. Amando nos ayuda a recuperarla o a intuirla construyendo, transformando, desnudando el lenguaje allí donde otros remiendan, apuntalan, ocultan, enmascaran, embrutecen.
__ Alfonso Pexegueiro, 1993
texto para el catálogo: Amando. Castillo de Soutomaior - Pontevedra 1993
Amando forma parte de la pintura gallega más actual. Y quizás le haya venido bien mantenerse apartado del buscado ruido de la fama, o del éxito comercial. A veces la soledad, el silencio y la duda van cediendo a nuestra obra una fuerza, una serenidad y una perspectiva o visión que de otra forma no alcanzaríamos , ya que estaríamos atrapados entre el ruido confuso de las cosas y no captaríamos su silencio. Y en vez de acercar las cosas hasta nuestro mundo interior y descubrir sus juegos de lenguaje, seríamos nosotros los que permaneceríamos debajo de ellas (pisados), sucumbiendo humillados ante la representación vacía y obligada de lo superfluo: que es quien pone el precio.
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| Terras do Avia 1991 acrílicos sobre tela, 162 x 130 cm |
Por fortuna para Amando, y quizás para su obra, él no figura en esa vorágine de idas y venidas de precios y superficies especulativas. En la Alameda de Vigo, en un tercer piso que da a los magnolias, sigue recordando lo perdido e inventando el futuro a través del trazo y del color: lo olvidado, lo universal del lenguaje y del hombre. Como un proceso biológico más que cultural-tecnológico (aunque enriquecido por ambos), Amando ha sido fiel al Arte y a su arte. Hoy su obra es una de las manifestaciones más sinceras y sensibles de nuestro arte actual.
Desde las Barandillas o Pasamanos, como dibujos insinuados sobre la tela o las mimosas, hasta Caminos al océano, Amando se ha marcado una continuidad pictórica tan sugerente como dura. Repatriado al silencio en su propia ciudad, ha ido construyendo una pintura sólida basada en la recuperación de la memoria más oculta, identificándonos con el paisaje más olvidado y recordándonos tiempos de soñar.
A través de la insinuación, o del gesto reflexivo (o esa recomposición imprevisible que el olvido impone a la sedimentación de los saberes, de las culturas, de las creencias que uno ha atravesado, de la que habla Roland Barthes), Amando sostiene en sus últimos cuadros una lucha bajo el agua por sobrevivir. Sus tazas, sus troncos, sus reflejos, su vida se sumerge y crea la ciudad del mar en donde todo tiene vida de silencio, y allí permanece a la espera como la aleja (o cercana) Ciudad de Is. Allí está su Roucos, su mito y su poesía. Con dificultades para surgir entre el mundo de lo visible ((o lo exterior), Amando surca bajo el agua tierras nuevas y nuevos tiempos. De lenguaje, allí crea y recrea con cierta serenidad cezanniana un mundo de montañas, iglesias, roturas, cafés y sueños sumergidos. Como un campesino bajo el mar. Bajo el cielo del mar.
Sus montañas y sus océanos dejan atrás la tragedia del color envuelta en vacas, celos, cuchillos, frutas, hombres, mujeres y troncos talados, para volver a la serenidad de las Mimosas, como una pareja de cisnes irlandeses que regresasen a su origen celta. Como ese mito de amor (sueño perdido de la memoria) que recorre no solo los caminos de Irlanda, Galicia o Bretaña, sino todos los caminos del mundo. No estamos en el mundo, escribió Rimbaud, la verdadera vida está ausente. Amando nos ayuda a recuperarla o a intuirla construyendo, transformando, desnudando el lenguaje allí donde otros remiendan, apuntalan, ocultan, enmascaran, embrutecen.
__ Alfonso Pexegueiro, 1993
texto para el catálogo: Amando. Castillo de Soutomaior - Pontevedra 1993
30 mar 2020
21 ene 2020
14 ene 2020
quiero salir y no puedo entrar III y IV
quiero salir y no puedo entrar III y IV, 2013
acrílicos/tela 27 x 19 cm. c/u
colección particular: A.G. y A.M. - Vigo
Etiquetas:
Acrílicos s/tela,
año 2013,
En colecciones,
Formato pequeño
26 dic 2019
De profundis
De profundis (serie: Autorretratos), 2011
acrílicos sobre tela, 73 x 73 cm.
colección particular: A. G. M. y B. Vigo
Etiquetas:
Acrílicos s/tela,
año 2011,
En colecciones,
Formato pequeño
19 dic 2019
14 feb 2019
Helado de limón abandona el estudio.
después de haberlo pintado hace 35 años, hoy se va para el domicilio del arquitecto Daniel Guisande. Feliz viaje.
28 ene 2019
flor de invierno
flor de invierno, 1995
acrílicos s/papel 31 x 41 cm.
colección particular: J. L. (Baiona-Pontevedra)
Etiquetas:
Acrílicos s/papel,
año 1995,
En colecciones,
Formato pequeño
19 dic 2018
15 ene 2016
27 jul 2013
en el monasterio de Melón 2013
exposición 13 Autorretratos (obra reciente)
Monasterio de Melón (Ourense), julio 2013
dentro del proyecto: OPEN STUDIO AMANDO
2 jul 2013
1 jul 2013
12 feb 2013
14 ene 2013
ARQUITECTAR O XESTO. A PINTURA DE AMANDO ENTRE A PULSIÓN E O PENSAMENTO
Os oitenta
naceron en Galiza cunha vontade colectiva, levada a cabo por pintores e
escultores, que partindo da súa vinculación coas raíces da cultura galega, coa
tradición renovadora anterior á Guerra Civil, querían constituírse nun fenómeno
aberto á innovación vangardista, con desexo de universalidade. Tratábase dunha
aposta decidida pola modernidade, que reivindicaba a tradición do movemento
renovador d’Os Novos, e que puña ao día a nosa
arte.
Este
fenómeno, que se comeza a manifestar a finais dos setenta, hai que o entender repasando condicionantes históricos, especialmente a
ausencia dunha normalización cultural e política no período inmediatamente
anterior e o divorcio entre as clases dirixentes e a cultura nacional galega,
problema que vén do pasado mais que segue a ser evidente no presente.
Naturalmente a actitude desta nova xeración, que coincide coa dos oitenta en
literatura, ten os seus precedentes na progresiva modernización da sociedade
nos setenta. Os maiores contactos internacionais e a propia dinámica interna
fai que vaian aparecendo síntomas de renovación que favorecerán a eclosión
artística dos oitenta, que sen dúbida abriu unha nova traxectoria para a arte
do noso país.
O
horizonte cultural desta altura destacou pola liberdade expresiva, a
multiplicidade de liñas, conceptos e linguaxes, sen unha única tendencia
dominante, aínda que en moitos creadores máis novos era notoria a pegada do
expresionismo abstracto, pois realizan unha especie de neoexpresionismo
caracterizado pola forza da pincelada, influencia que se iría limitando
posteriormente na procura de acentos persoais de cada autor. O que si se
percibe na maioría das obras e artistas destes anos é a firmeza, a enerxía, a
integridade e a ausencia de mediacións; valores que deberían ser irrenunciábeis
para a toda a pintura moderna. Enténdase integridade como un valor pictórico,
no sentido de valor de orde conceptual e tamén de vixencia.
O
evidente nesta década é a recuperación da pintura no ámbito internacional e en
particular un neoexpresionismo que se impón en mostras de tanta influencia como
a Documenta 7 de Kassel (Alemaña) do ano 1982.
Cómpre lembrarmos que a posición da pintura, o seu estatus no panorama da arte,
se movía desde as vangardas históricas nas coordenadas dunha dupla polaridade:
as da súa resistencia e as da súa posíbel desaparición, e nese contexto e
debate cómpre inscribir os repetidos discursos da súa decadencia, da súa total
disolución e os pulos de vitalidade como o acontecido na década dos 80. O
enleado tecido de liñas que converxen no plural panorama dos 80 amosa que a
pintura a pesar de todas as mudanzas seguía a ser un ben común e continuaba en
boa medida a forma a ser un valor de uso a pesar da multiplicidade de linguaxes
artísticas, que tiña un dos seus límites na arte conceptual máis pura.
Un dos pintores que realizan nesta
altura unha aposta máis persoal e intensa é Amando González. Nas súas obras
destes anos esta integridade compositiva faise máis que evidente con esa
inmediata conexión entre o icónico e a cor que evita a teatralidade máis
simple, unha teatralidade que estraga moita pintura actual. Ben pola contra, na
súa obra hai unha aposta por unha creatividade inmediata, por unha ligazón
estreita e fluída entre as fases e factores da súa creación: icónicos,
cromáticos, psicolóxicos ou literarios, que se fan explícitos como parte do
acto de creación, mais sen afogaren o valor do puramente plástico. É a súa unha
pintura que ten moito de espacialidade expansiva e esencialmente cromática –sen
dúbida herdanza do expresionismo abstracto- que a converte nunha “construción
ambiental” que busca espontaneamente a arquitectura mergullando o espectador no
seu mundo e abrindo o espazo para a súa imaxinación.
A
pintura dos oitenta da Amando encaixa perfectamente no máis creativo do
panorama internacional da década. Mais o que fica claro ollando estas obras coa
perspectiva temporal do noso presente é que a singularidade deste artista está
en como configura a súa obra en plena ligazón coa realidade social e desde a
experiencia persoal, inseríndose con absoluta consciencia na tradición
artística nun sentido histórico e vivencial, conformándose os seus traballos
como un paso máis no camiño dunha arte ligada completamente á modernidade, ao
colectivo e ao popular, mais sen débedas individuais.
Neste
marco enténdense mellor obras que nacen dunha intensa percepción da realidade
vital e xeográfica que rodea o artista, pénsese na captación do local na
paisaxe de Amando, cun mundo plástico entre o expresionismo abstracto e a carga
icónica. Na súa pintura a relación coa tradición establécese por medio do
diálogo mais sen sombra de academicismo, faise de xeito asociativo no que un
referente do pasado cultural funciona, agroma, para construír, para dialogar,
para interactuar dentro do cadro.
MATADOIRO AMANDO
Matadoiro
Amando, a mostra que presenta o Museo do Mar de
Galicia, lígase a un proxecto máis amplo do pintor vigués, que foi vinculando a
súa creación pictórica a locais achegados a seu territorio vital, na cidade de
Vigo.
Por
medio dun conxunto de exposicións, o artista foi deseñando un espazo balizado,
que poderiamos definir como “territorio Amando”, e no que se desenvolve unha dupla tensión, por unha banda delimita
o seu universo vital ao presentarnos a súa obra en locais situados en ámbitos
achegados á vida do artista; e por outra, xorde dun desexo de amosar o seu
labor fóra dos circuítos habituais de exposición, con doses de potencial
vontade performativa.
As
tres mostras presentadas anteriormente: Cóctel Amando; Amando en frío e Mundo Amando non foron de xeito ningún simples exposicións dunha serie de
traballos, senón que se configuraron como construcións singulares, nas que os
diálogos cos espazos comerciais eran fundamentais, uns locais moi diferentes
entre si: un pub, unha xeadaría e unha cafetaría. Nos diálogos que se
establecían puidemos percibir un tratamento de xénero, no sentido que este
concepto adopta tradicionalmente na pintura, escollendo un tipo de obras que
suscitaban conexións cos espazos, mesmo de carácter temático, pero sen caer
nunca no simplemente decorativo.
Matadoiro Amando segue no esencial este esquema;
cómpre lembrar que o Museo do Mar foi o antigo matadoiro da cidade e como tal
está gravado na memoria colectiva dos vigueses e obviamente na do propio
artista. A ampla serie que agora expón, presidida pola recorrente imaxe da
vaca, insírese neste contexto, na memoria infantil do autor -ligada ao mundo
rural do Ribeiro- coa presenza totémica da vaca e nunha tradición iconográfica
de longa historia na arte occidental e que en Galiza ten exemplos tan
brillantes e antigos como o Relevo de Vilarín,
procedente de Vilarín, Becerreá (séculos I-II, Museo Provincial de Lugo), que
representa unha procesión de bóvidos que semellan conducidos ao sacrificio, e
que no seu esquemático primitivismo resulta estimulantemente moderno.
As
siluetas de cabezas de vaca dominan a serie que presenta agora Amando
levándonos, nunha primeira suxestión, a uns referentes de representación que
nos transportan á natureza morta –en sentido literal-, nun abano que vai desde
o Rembrandt do Boi esfolado (1655, Musée du Louvre) até Soutine (Boeuf écorché, 1925, Musée des Beaux Arts, Grenoble) e Bacon (Figure with meat, 1954, The Art Institute of Chicago), pasando polo Goya que fornece ás
súas naturezas mortas unha intensa carga emocional. Excepcional é o caso de Bodegón
con costillas, lomo y cabeza de cordero (1808, Musée
du Louvre), do pintor aragonés, que enlaza coa liña máis expresiva do xénero e
dota o que para outros artistas sería unha simple escena doméstica dun nivel
tráxico e desolador.
Tamén
teñen algo de desolador esas cabezas decepadas -con orixe en matadoiros-
fotografadas no século XIX que algúns artistas utilizaban como modelos para o
seu traballo, imaxes que vistas con ollos de hoxe non deixan de transmitir unha
forza no exenta de desacougo, nunha combinación de banalidade e horror, aspecto
que tamén evocan as fotografías anónimas do matadoiro parisiense de Les Halles
ou o filme documental de George Franju Le Sang des bêtes (1949) e que asocio á anécdota contada polo propio Amando que lembraba
como un traballador do matadoiro vigués, que el coñeceu na súa infancia,
adoitaba acompañar as reses ao sacrifico cunha ladaíña de humor negro: “Anda
Cholita, vete tranquila, que vas andando y vuelves en tranvía”. Banalidade e horror.
Esta
crueza da decapitación atinxiu unha profundidade autorreflexiva, de afondamento
no coñecemento da propia identidade e da condición humana, proxectada sobre
unhas simples cabezas de animais, en pintores como Pablo Picasso e Luis
Fernández, que transmiten toda a forza expresiva da ollada moderna en lenzos
como Tête de mouton écorchée (1939, Musée des
Beaux-Arts de Lyon), do malagueño ou Tête de veau
(1939, Colección Telefónica, Madrid), do asturiano; trátase de lenzos
realizados nun período de estreita relación entre ambos os artistas, en París,
nos anos da nosa Guerra Civil. En obras como estas o efecto perturbador está
agudizado pola illamento irreal das cabezas e pola ausencia aparente de
significado, como acontece con calquera horror directo.
Amando,
sen ignorar estas connotacións tráxicas, dota as súas cabezas de vacas dun
valor ben distinto, acentuando o carácter cromático e estrutural. Desde o punto
de vista plástico as obras participan das súas procuras dos anos oitenta, e
nelas a referencia figurativa do animal funciona como un alicerce que
arquitecta o cadro e que serve de soporte á xestualidade. Dominan as obras
coloristas, con moito de festivo e con ese trazo expresivo característico do
seu labor desta altura. A intensidade cromática destas obras acababa por
configurar un universo lúdico, no que a final, o que triúnfa é a pintura como
opción estética e vital. O conxunto da serie “Vacas” acentúa aínda máis o
expresivo da liña, coas cores intensas e as figuras remarcadas por liñas
grosas; velaí os cadros en que nos amosa figuras humanas e vacas, que se non
soubésemos que son creacións de moitos anos atrás poderiamos pensar que foron
realizadas ex profeso
para esta mostra, non apenas pola temática senón pola frescura e rotundidade,
plenamente actual, que conservan.
No
seu esquematismo os cadros de Amando entroncan cunha frontalidade heroica e
primitivista situándonos na tradición da modernidade cun discurso colectivo,
nunha síntese de sentido e forma, como a que Karl Einstein teorizou en Negerplastik (1915) ao falar da arte africana, pensando no cubismo contemporáneo.
Unha arte na que o teórico alemán achaba esa “prodixiosa intensidade” que transmite
unha visión pura do espazo.
No
pintor vigués, a alusión figurativa semella converter a pintura nun tránsito
entre o mundo consciente e o inconsciente, entre memoria e visibilidade. A
chave deste tipo de obras está na combinación dun punto de partida de base
pictórica que acaba por atinxir un carácter conceptual –unha sensación, un
estado anímico, unha experiencia de comunicación co medio natural- para a
partir de ambas crear un mundo baseado na estilización da luz e da cor. A
dosificación deste xogo de elementos é o que permite a comunicación, o que fai
que as obras funcionen como pintura, xa liberadas do peso da simple realidade;
aspecto este de funcionaren como pintura, non tan frecuente como nunha primeira
impresión non atenta puider semellar. Desbótase o innecesario, ficando signos
elementais do pictórico, cunha pincelada que transmite un efecto táctil,
fuxindo do luído nas superficies. Poderiamos concluír subliñando que nestes
traballos o artista, sen renunciar ao sensitivo, acaba por configurar o cadro
como un sistema de pensamento. Arquitectura, xesto, pensamento e pulsión, todo
un programa para afrontar os retos da pintura nun mundo estético en constante
mudanza.
Carlos L. Bernárdez
publicado en Faro Cultura (diario Faro de Vigo) el 11 de octubre de 2012
9 ene 2013
Cien vacas y ninguna palmera
por Ángel Cerviño
AMANDO - MATADOIRO 1983
MUSEO DO MAR DE
GALICIA - VIGO
(4 de octubre – 30
de diciembre – 2012)
Sólo en
contadas ocasiones la historia del arte, como la historia de los pueblos, puede llegar
a ser escrita desde el tesón de los que pierden las batallas. Pero el tiempo
del arte es el tiempo largo de los movimientos migratorios y las fricciones sociales, un tiempo que de
continuo somete a prueba la incurable precariedad de los relatos historicistas,
que los pone en evidencia como endebles constructos epocales que estamos
obligados a desmontar y recomponer sin descanso, un puzle de infinitas piezas
que jamás encuentran un acomodo definitivo. En el tiempo del arte las obras siempre
se abren a nuevas posibilidad de lectura.
“MATADOIRO
1983” la exposición de Amando en el Museo de Mar de Vigo[1]
(antiguo Matadero Municipal), presenta más de cien obras de la serie
“Vacas”, fechadas principalmente en el año 1983. La primera, y muy
significativa, sorpresa nos la ofrece la constatación de que en su inmensa
mayoría estas pinturas permanecían inéditas: casi todas estas telas sin bastidor que ahora
cuelgan de los muros del museo habrían pasado directamente del taller al
almacén del artista sin haber conocido público. Dan cuenta también, con su abigarrada presencia, de la
obsesiva actividad del autor, de su afiebrada entrega a la pintura en un
momento clave de nuestra reciente historia del arte: el del dominante ciclón pictórico
y colorista de los años 80, un momento en el que también se pone en marcha la renovación
del cuerpo crítico y comienza a fijarse la foto
finish de la historiografía oficial, aquí se va a empezar a decidir quién sale en la
foto y quién no sale, quién continúa en la carrera y quién habrá de representar
al papel de víctima sacrificial para que otros individuos, armados con mejores
habilidades sociales, puedan despegar con más comodidad.
En todo
caso, las vacas de Amando se han despertado ahora de su sueño de casi treinta años
para venir a traernos el gozoso canto de la pintura. Pintura sin aditivos (sin
paliativos), en su encarnación más pura: color, composición y trazo. El
conjunto presenta una magnífica panorámica de las coordenadas estéticas del
momento (ineludible, en ese aspecto, la referencia al neo-expresionismo predicado
desde la documenta 7 de Kassel, de
1982), y la constatación de que nos encontramos ante el trabajo de un pintor
que arriesga en todos los campos, y adelanta soluciones plásticas que luego se
generalizarán como usos comunes a lo largo de toda la década. Destaca en sus
soluciones compositivas, como muy bien señala Xosé Carlos L. Bernárdez, la neta
alianza entre el color y lo icónico, que mantiene a la obra a buena distancia
de cualquier teatralización o puesta en escena, sin duda uno de los muchos pecados de la época.
A esta
alturas ya todos nos hemos dado cuenta de que Amando no pinta vacas, Amando
pinta iconos, pinta estructuras compositivas de base triangular (que en 1983 se
encarnan en la cabeza de una vaca, como más adelante, en futuras series del
propio autor, encontrarán acomodo en los conos de helado o en la recurrente solución
geométrica de la copa de cóctel). Estructuras compositivas que no son sino
vehículos para la dinámica expansiva del espacio del lienzo, esqueletos formales
que sustentan el enaltecido movimiento cromático de la superficie pictórica. Una
solución plástica equivalente a las palmeras, las estructuras piramidales o las
anatomías estilizadas, que inundaron tantas series de cuadros de otros tantos
pintores peninsulares de esos años.
Sin duda
estas pinturas participan también del tono colorista y desenfadado del momento
(y es imposible no hacer aquí mención de la magnífica serie de 13 cabezas de
vaca pintadas en los cartones troquelados que habían servido de cajas de
embalaje a los 13 tomos de una enciclopedia comprada por correspondencia), pero enseguida
comienzan a mostrar síntomas inquietantes, lo primero que percibimos es que las
vacas no nos miran, la gran mayoría no tiene ojos y algunas muestran
ostensiblemente unos párpados cerrados; un desasosegante sentimiento de
invisibilidad nos acompaña a lo largo de nuestro recorrido mientras nos
enfrentamos a los cuadros, y no olvidemos que cuando contemplamos un cuadro
estamos situados en el lugar físico que ocupó del autor mientras estuvo
trabajando en él. Conforme avanzamos hacia el final la serie se va
oscureciendo, los colores se ensucian, las composiciones pierden equilibrio
para ganar dramatismo, las pinceladas se hacen más cortas y nerviosas, denotan
desazón y urgencia, los cabezas heráldicas se han convertido en cráneos
sangrantes degollados sobre las mesas del matadero.
Ya lo
hemos dicho: Amando no pinta vacas; pero –paradoja gallega- “as vacas, habelas
hainas”. La pintura apunta hacia lo icónico pero el casi-icono todavía muge, la
imagen se resiste al intento de congelarla en signo, se sabe mucho más compleja
(y ama su propia complejidad): hay otras vidas y la imagen quiere vivirlas
todas; y son muchas, y profundas, “las consecuencias estéticas y políticas que
derivan del carácter incierto, inseguro y ambiguo de la imagen”[2].
De esta forma, así como el icono de la palmera posiblemente apuntaba hacia el
escapismo de ínfulas cosmopolitas tan característico de los 80, las vacas ciegas
de Amando miran a la aldea, a un mundo rural demolido por la pobreza y la
emigración, a un universo (el de su infancia) que en 1983 ya va camino de la
desaparición y el desmoronamiento definitivo. Amando venía a aguarnos la fiesta
sin fin de los 80 con estas vacas, recordándonos a todos quienes éramos y de
donde veníamos. Y no se lo perdonamos.
[1] La exposición,
coordinada por Xosé Carlos L. Bernárdez, forma parte de un complejo proyecto
expositivo que incluye, además de la exposición, una película documental creada
para la ocasión, un ciclo de cine, un seminario y diversas actividades
didácticas y editoriales.
[2] libro editado por Carlos A. Otero, para la editorial La Oficina, "Iconoclastia. La ambivalencia de la mirada."
Más
información en el sitio web de la exposición: http://matadoiro.tumblr.com/
[2] libro editado por Carlos A. Otero, para la editorial La Oficina, "Iconoclastia. La ambivalencia de la mirada."
18 sept 2012
VACAS obra de Amando en el Museo do Mar de Galicia del 4 de octubre al 30 de diciembre
Museo do Mar de Galicia
(Alcabre - Vigo), antiguo matadero municipal de la ciudad.
El próximo día 4 de octubre a las 19,30 h., y hasta el 30 de diciembre,
se presenta en las salas de este museo la exposición de Amando VACAS
configurada por más de 40 obras de gran formato y un centenar de
pequeños cuadros y dibujos cuya temática gira entorno a la vaca; obra
fechada fundamentalmente en la primera mitad de la década de los años
ochenta.
![]() |
Vaca Nova 1983
acrílicos s/tela. 116 x 89 cm. |
Esta exposición estará acompañada de un ciclo de cine; un taller didáctico para niños, un documental y un seminario en el que se analizará el trabajo de Amando y la época en que fue realizada la obra que aquí se presentará.
Coordina: Ania González. Colaboran: Manuel M. Romón (cine), Iria Sobrino + Rai Iglesias (edición), Rubén Pardiñas (documental), Carlos L. Bernárdez (selección y montaje), Ania González (Seminario)
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